La Familia de padre Ottorino del sur de Italia en retiro
“…es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece”
Fidelidad al carisma y escucha para una plena comunión
El domingo 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés y también 85.º aniversario del inicio de la obra de padre Ottorino, la Familia de padre Ottorino de Calabria vivió su retiro de fin de año. Como lugar de encuentro intermedio para los Amigos de Crotone y Bovalino, se eligió el Santuario de la Virgen de las Gracias de Torre Ruggiero, después de la hermosa experiencia del año pasado.
Un lugar tan solitario, al menos en esta época del año, como acogedor, donde se respira la presencia silenciosa y maternal de la Virgen, que quiso visitar hace algunos siglos este pequeño pueblo y establecer aquí su morada, fuente de paz y renovación espiritual.
Fue muy enriquecedora y motivadora para todos la presencia en el retiro de un numeroso grupo de jóvenes de distintas edades provenientes de Bovalino. Un fuerte signo de esperanza para el futuro de la Iglesia y de nuestra Familia.
Después del momento de acogida por parte de los coordinadores de Bovalino y Crotone, el tema del retiro fue guiado por el diácono Gigio, quien en su reflexión nos recordó que el Espíritu Santo es la fuente que da vida a todo lo que somos y tenemos. La vida cristiana es un camino de búsqueda de la verdad. Vivir la fe no es vivir una vida cualquiera, sino vivir en plenitud, dando lo mejor de uno mismo incluso en medio de los propios límites, llevando adelante el carisma recibido.
Vivir la unidad en la caridad mediante una vida al servicio de los hermanos, cultivando y haciendo florecer la semilla recibida en el Bautismo. La semilla nos recuerda que vivir la fe significa permanecer dentro del proyecto de Dios, siguiendo la propia vocación según su voluntad.
El tiempo de meditación personal y luego el trabajo en grupos nos ayudó a reflexionar sobre formas creativas y comunitarias de promover el misterio de Jesús Sacerdote Siervo.
Durante la Santa Misa presidida por el padre Ruggero, los Amigos de Crotone, Franca y Peppe, renovaron devocionalmente su Promesa Perpetua, agradeciendo al Señor por el don de gracia que nos concede cada día a través del carisma. Como signo de adhesión y entrega al proyecto de vida de Dios, ofrecieron semillas de trigo plantadas en algunas macetas, confiándose a la intercesión de la Madre celestial y llevando en el corazón la jaculatoria:
«María, enséñame a amar a Jesús».
Después del almuerzo comunitario, compartido con alegría y armonía, nos reunimos nuevamente para un momento de fraternidad, compartiendo las experiencias vividas durante la jornada y las propuestas creativas y comunitarias surgidas de las reflexiones.
Que María, Madre de todos, nos ayude y nos guíe para poner a Jesús en el centro de nuestra vida cotidiana.
María Teresa Nebioso

