La comunidad de Jesús Obrero (Monterotondo-It) en el tiempo de Navidad
Compartimos algunos momentos de la vida de nuestra comunidad que han hecho más significativo el tiempo de Navidad. En los días en que, junto con los fieles de la parroquia de Jesús Obrero —que ha iniciado el camino de un año conmemorativo por los 60 años de su fundación— celebramos la alegría de reconocer el rostro de Dios que se manifiesta en la debilidad de un niño, nosotros, los religiosos comprometidos en la pastoral y en formación, nos hemos regalado algunos momentos para vivir una comunión más estrecha entre nosotros.
Comenzamos celebrando el cumpleaños de don Luca, quien tiene la gracia de recordar el don de su vida precisamente en las cercanías de la Navidad de Jesús. Luego nos encontramos con nuestras hermanas Ursulinas para celebrar juntos el 27 de diciembre, con el fin de consolidar el compromiso común de servir al pueblo de Dios presente en Monterotondo.
El lunes 29 de diciembre, en cambio, disfrutamos de una intensa peregrinación al santuario de Greccio, cerca de la ciudad de Rieti: allí, hace ya más de 800 años, Francisco de Asís quiso representar por primera vez la Natividad de Belén y reproducir las incomodidades y estrecheces vividas por el Hijo de Dios hecho hombre, acostado en el pesebre por su madre María. Fue el primer pesebre, cuyo recuerdo es hoy custodiado por los frailes y las religiosas que viven el carisma franciscano entre las escarpadas paredes de Greccio, como en una cuna mágica que acoge cada año a miles de fieles.
Y muchos fieles han recorrido Roma en este año jubilar, que para nosotros tuvo su culmen el martes 30 de diciembre, cuando, junto con Lea y su esposo Generoso (Lea es la señora que cuida de nosotros en la casa), recorrimos el corredor dispuesto para los peregrinos y atravesamos la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Nos sentimos en comunión con la Iglesia universal, agradecimos a Dios por los Pontífices a quienes visitamos devotamente en sus tumbas y, sobre todo, por el ministerio del papa León XIV.
Las espléndidas jornadas de sol y el cielo despejado del frío invierno hicieron que estos días fueran verdaderamente inolvidables, permitiéndonos entrar en el nuevo año con confianza y esperanza, a pesar de las tristes noticias que siguen llegando de un mundo herido por la violencia.
Los religiosos de Monterotondo (RM)

