Ejercicios espirituales ottorinianos y Asamblea de delegación Argentina-Paraguay
La Asamblea de la Delegación Argentina–Paraguay se vivió como un tiempo de gracia, encuentro y profundo discernimiento comunitario. En el marco de estos días compartidos, tuvimos también la oportunidad de vivir los Ejercicios Espirituales ottorinianos, que marcaron hondamente el ritmo y el espíritu de toda la experiencia.
El silencio orante fue uno de los grandes protagonistas. Un silencio fecundo, buscado y respetado, que nos permitió volver al corazón, disponernos a la escucha de Dios y dejarnos recrear por su Palabra. En ese clima interior, la oración personal y comunitaria se volvió más auténtica, más sencilla y, a la vez, más profunda, ayudándonos a releer la vida y la misión desde la espiritualidad que el Padre Ottorino nos legó.
El compartir cotidiano se dio en un verdadero clima de familia. Los espacios de diálogo fraterno, las comidas compartidas, las conversaciones sencillas y la convivencia serena fortalecieron los lazos entre los miembros de la Delegación. Se respiró un ambiente de confianza, cercanía y mutua acogida, donde cada uno pudo sentirse escuchado y valorado.
De modo especial, queremos destacar el sentirnos acogidos en la Casa de Retiros Padre Ottorino, un lugar cargado de historia y memoria carismática. Sus paredes han sido testigos de tantas experiencias significativas de nuestra Familia del Padre Ottorino en la Delegación, y volver a rezar y discernir allí despertó en todos un profundo sentimiento de gratitud. Al mismo tiempo, estuvo presente una nota de nostalgia, al percibir que quizá esta haya sido la última experiencia vivida como Delegación en esa casa tan querida.
La Asamblea, en su dimensión propiamente organizativa y pastoral, fue verdaderamente fructífera. Se logró avanzar con claridad y espíritu evangélico en la programación, fortaleciendo el ejercicio del discernimiento comunitario. El poder pensar, proyectar y planear juntos fue signo de madurez, corresponsabilidad y comunión, confirmando que el camino compartido sigue siendo fuente de vida y esperanza para nuestra misión.
Nos queda, finalmente, un profundo sentimiento de gratitud por todo lo vivido: por el don del silencio, por la fraternidad experimentada, por la memoria agradecida y por la certeza de que el Espíritu sigue guiando nuestros pasos como Delegación Argentina–Paraguay.
Padre Luis Carlos Alarcón

