Vacaciones ottorinianas: más allá de esas montañas allí…

“Vacaciones Ottorinianas… más allá de esas montañas allí”. Sí, pero ¿dónde? Esta es la primera pregunta que me hice cuando me pidieron que prestara mi voz para la publicidad de las vacaciones a las cuales participaría yo también por primera vez este año. El vídeo debía ser proyectado en la Asamblea de los Amigos del P. Ottorino, evento en el que tuve el placer de participar durante el mes de abril cerca de Ariccia (Roma).
En aquella ocasión, como “new entry” y debido a mi carácter reservado, temía tener dificultades para encajar en un contexto en el que no conocía a más de la mitad de los presentes, pero no fue así. El clima de acogida e inclusión, el sentido de familia y la atención a los demás reflejan sólo algunos de los valores de la familia del P. Ottorino, cualidades que he podido experimentar de primera mano y que me han permitido acercarme a las vacaciones de las cuales de otra manera quisiera hablar ahora.
El citado evento se celebra cada año, en el mes de agosto, y reúne a Amigos de la Familia de diferentes puntos de Italia. El vínculo que une a personas físicamente muy alejadas es la síntesis perfecta de relaciones que, en virtud de una misma visión de conjunto y del tiempo compartido a lo largo de los años, están destinadas a perdurar y ser ejemplo de la unidad y del carisma del P. Ottorino.
Los pequeños y largos paseos por los senderos de montaña, los momentos de convivencia durante los recorridos y las comidas, las reflexiones y los juegos organizados han contribuido a que el clima sea extremadamente sereno e inclusivo en múltiples niveles, involucrando tanto a los más pequeños como a los miembros históricos de la Familia.
Yo que nunca antes de unirme a la Familia había experimentado tanta serenidad en medio de tanta gente, me sentí parte de algo mucho más grande que yo. La esperanza que tengo es que cada vez pueda haber más momentos como este y que otros, como yo, puedan conocer la dimensión de la Familia que me acogió incluso antes de conocerme.
A la familia del P. Ottorino le digo: gracias.
Gabriele Maria Irrera

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