Uniti Notizie 6/2024

PASCUA EN MONTECASSINO

En el Lacio la llaman “excursión fuera de la ciudad”, mientras que nosotros los religiosos la
ennoblecimos como “salida comunitaria”, y tal fue la que realizó la/s comunidad/es de “Jesús
Obrero” el lunes 1 de abril, llevándonos de Monterotondo a Montecassino, para visitar la histórica
Abadía fundada por San Benito. Habitada a lo largo de los siglos por miles de monjes, es un lugar
atormentado y santo donde, por tradición, se veneran los restos mortales de Benito y de su
hermana Escolástica, que se remontan al siglo VI de la era cristiana, procedentes, al parecer, de
Norcia en Umbría, rezando y peregrinando, ahora ermitaños ahora cenobitas, por el centro-sur de
Italia. De hecho, Cassino -ahora en la provincia de Frosinone- está en la región del Lacio, pero
forma parte de la historia y la cultura de Campania, ya que formó parte del reino borbónico de
Nápoles hasta la unificación de Italia.
Éramos seis y los más jóvenes, gracias a Dios, ‘apoyaron’ en no pocas situaciones a quienes,
como el que suscribe, se encontraban en desventaja en las no sólo místicas ‘subidas’ que
caracterizan a todos los monasterios benedictinos de la zona, aferrados a impermeables
espolones de roca, con una teoría infinita de escaleras y escalas providenciales para acceder a
los lugares más recónditos y evocadores y a los claustros, habitualmente no visitados por los
peregrinos normales. Nosotros, de hecho, fuimos visitantes “privilegiados”, acompañados nada
menos que por el abad Antonio Luca Fallica -conocido y contactado personalmente por nuestro
padre Luca- que amablemente nos reservó dos horas y media de su precioso tiempo,
regalándonos con sencilla fraternidad sus conocimientos históricos, arqueológicos y sobre todo
espirituales sobre la epopeya benedictina en general y sobre la de Montassino en particular, a
pesar de que sólo lleva un año allí para guiarnos. Luca Fallica, originario de la región de Las
Marcas, como monje no sacerdote fue fundador y durante dos sexenios prior de la comunidad
monástica de Dumenza (Varese), reconocida como “innovadora” en la práctica benedictina y en la
hospitalidad, y luego fue llamado personalmente por el Papa Francisco para ser ordenado
sacerdote y llevar sobre sus hombros la carga de 

Abad de Montecassino, con mitra y pastoral aunque ya no fuera ordenado obispo y su jurisdicción se limitara al territorio de la Abadía. 

Impresionante es el tamaño de las salas -como refectorios, sala capitular, sala de conferencias-, con pasillos de 200 metros y decenas de puertas que abrir y cerrar. Increíble es la limpieza y el orden de una megaestructura en la que viven permanentemente sólo siete monjes, dedicados a diversos servicios, entre ellos los litúrgicos públicos en la iglesia abacial y, en parte, los servicios pastorales en la ciudad de Cassino. ¡La iglesia! Cuesta creer que un edificio así, completamente bombardeado por la aviación aliada en 1944, como el resto del complejo, y totalmente reconstruido e inaugurado 20 años más tarde… pudiera renacer con las mismas características arquitectónicas, artísticas, marmóreas, yesosas -es decir, ricas en estuco de yeso dorado- que lo convierten en un monumento barroco admirado por los visitantes. Aquí, el punto de convergencia es la cripta con las reliquias de los santos Benito y Escolástica, pero el recuerdo de la vida santa, benedictina o no, está presente por doquier con lienzos, frescos, mosaicos, mayólicas, estatuas, altares, lápidas, artefactos…. que hacen de esta mansión un museo de espiritualidad, cultura y civilización. Nos dieron acceso a lo que se cree que fue la celda de San Benito y a la iglesia contigua de San Martín -bajo el gran claustro de la entrada actual-, el primer lugar de culto del fundador y sus discípulos, construido, según se dice, sobre los restos de un antiguo templo pagano de la época romana. Queríamos hacernos una foto de recuerdo delante de la conocida estatua de San Benito, que se salvó de los bombardeos (mientras que la de Escolástica fue reconstruida) pero… nuestro reverendísimo ‘Virgilio’ tenía otra cita a las 12 en punto y, dándole las gracias, nos hicimos la foto juntos allí, donde nos saludamos con un deseo de Felices Pascuas. 
(d. Zeno)

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