ASAMBLEA DE LAS DELEGACIONES EN ITALIA
A finales de agosto (26-30), cuando el calor aún no daba tregua a la nación de la bota, los religiosos y religiosas presentes en Italia se reunieron en la habitual asamblea de verano. El encuentro reunió a dos delegaciones: la de Italia, de hecho, y la joven (por nacimiento, quizá no por edad media…) de la Casa Madre. En un ambiente fraternal, disfrutamos también de la presencia del diácono Gigio, del diácono Juan y del padre Paolo, todos ellos ocupados en recargar las pilas para ponerse al servicio de nuestra Familia.
Los dos primeros días estuvieron marcados por la propuesta de retiro del Padre Roly: descubriendo el tesoro y buscando la piedra preciosa, nos encontramos compartiendo la certeza de que sólo Jesús colma nuestra necesidad de plenitud. Y al hilo de esta intuición espiritual, abordamos el tercer día el delicado tema del “final de la vida”, con todo lo que se mueve a su alrededor: la enfermedad, la vejez, la muerte. Son aspectos de la existencia que están muy presentes en la reflexión de la Iglesia (que acaba de publicar el “Pequeño glosario del final de la vida”), pero sobre todo en nuestra vida de familia y en nuestro trabajo pastoral. Nos hemos ayudado a acoger los sentimientos de miedo, preocupación, ansiedad ligados a la conciencia de tener que morir, para transformarlos en esperanza, como sugiere el tema del próximo Jubileo 2025. Queremos dar las gracias al diácono Guido Miccinesi, de Florencia, y a nuestro Elmer, que con sus testimonios de trabajo en un hospicio y de servicio en el Cottolengo de Turín y en el Gemelli de Roma nos ayudaron a tocar el tema desde una perspectiva muy existencial.
El jueves y el viernes celebramos la programación anual de la Familia del padre Ottorino en Italia, con la novedad de la presencia activa de los coordinadores nacionales y locales de los Amigos. Cada vez más nos pensamos como un solo cuerpo y buscamos formas y momentos para discernir juntos el bien de continuar el camino en la historia que nos convoca. El objetivo para el año que ahora comienza se centra en “reavivar nuestra vocación” y “hacer de Jesús el corazón palpitante del mundo”: ¡nos acompañará hasta agosto de 2025! ¡Que la Virgen Madre y el Padre Ottorino nos sonrían desde el Cielo!
Padre Luca

