HISTORIA DE UN BRONCEADO

Del 31 de octubre al 3 de noviembre se celebró por quinta vez en Vicenza la Parada en Betania “La cura del Sole”. Participaron trece amigos del Padre Ottorino, entre ellos algunos jóvenes, y 5 religiosos. La comunidad de la Casa de la Inmaculada, los cohermanos y el personal de servicio juntos permitieron, como de costumbre, vivir una cálida experiencia de familiaridad. El último domingo coincidió con la Misa del primer domingo del mes, en la que la familia del Padre Ottorino de Vicenza recordó a los difuntos que nos sonríen desde el cielo.

Si tuviera que elegir una sola palabra para describir lo que sentí durante la parada de “La cura del sole” no tendría dudas… ¡asombro!
Sentí un fuerte deseo de detenerme, de hacerme un espacio para estar con Jesús, guiada y ayudada por quienes mejor conocen el camino. Y aquí llega la oportunidad… esta parada, mi sí a participar… y acto seguido muchas dudas, muchos miedos, la habitual sensación de no estar a la altura, de estar fuera de lugar.
Doy gracias a Dios porque las ganas de participar vencieron mis miedos y allí estuve, en Vicenza.
Inmediatamente sentí, desde el primer momento de compartir, el nudo desatado… sentí que mi lugar estaba exactamente allí. Asombrada por el calor que me envolvía, formado por tantas pequeñas cosas… el calor de la casa, grande y fría pero pequeña y cálida como un nido acogedor. Y luego las miradas, el compartir, las risas interminables, los cafés ofrecidos y recibidos, las lágrimas, el dolor que sientes cuando llega Dios donde tú mismo tienes miedo de llegar, la alegría de sentir que nunca estamos solos, somos parte de un todo, envuelto en su abrazo. Lo que me llevo a casa es el regalo más preciado, una sensación de plenitud y calidez que me llena. Si me detengo, mis ojos finalmente se llenan de lágrimas de alegría.
Gracias a Dios que me permitió estar ahí, con el P. Ottorino y todos mis amigos.

Annarita Casavola

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