Uniti Notizie 22/2025

Dios algoritmo

El domingo 30 de marzo de 2025, la comunidad parroquial Jesús Obrero vivió su peregrinación jubilar al Santuario del Amor Misericordioso de Collevalenza (Perugia).

En un momento en el que la inteligencia artificial es ya un chat en nuestro whatsapp, en un momento en el que compramos, viajamos, vestimos, pensamos, nos maquillamos, sólo según un algoritmo, en un momento en el que todos nos encontramos fotografiando el mismo lugar desde el mismo ángulo, colgando la misma foto con el mismo filtro con la misma canción en una historia que dura sólo 24 horas o en un carrete que no dura más que unos minutos, una peregrinación, y repito una peregrinación, vuelve a ser una elección LIBRE y personal para 250 personas.
Sí, claro, nos enteramos quizá por un cartel colgado en las redes sociales, por el boca a boca, por un cartel colgado en la parroquia, pero aún no sugerido por un buen responsable de marketing en redes sociales. 250 personas escaparon a un algoritmo, a un #, a un operador turístico… sí, el término correcto es “escaparon”. 250 personas eligieron para todo un día, un lugar desconocido para la mayoría y poco ‘Instagrammable’ (diría siempre el buen social media marketing manager de arriba).
Pero ¡qué agradable y esperanzadora sorpresa!
Un grupo de ‘targets diferentes’, diría siempre el especialista de siempre, formado por adultos, niños, mayores, jóvenes, personas con dificultades de movilidad, mujeres y hombres con situaciones difíciles en su corazón o no, familias, solteros, parejas, pero todos ellos yendo a contracorriente (¿o en la buena dirección?).
Mi pasado como agente de viajes me ha hecho ser testigo de un gran cambio: cada vez más desde la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, internet se ha impuesto y nos ha llevado a optar por viajar de forma independiente. A estas alturas, el mundo ya no nos asusta, ¡ni siquiera el metro japonés podría meternos en problemas! Basta con abrir una aplicación, encuadrar una señal con ideogramas y tenemos una traducción instantánea al italiano, sin ni siquiera tener que hacer gala, como buenos italianos, de nuestras gesticulaciones brillantes y simpáticas que nos distinguen en el extranjero.
Nosotros, entre siestas en el autobús todos juntos, entre rezos en el autobús todos juntos, entre café en el bar todos juntos, entre visita al belén todos juntos, entre almuerzo para llevar todos juntos, a la catequesis todos juntos, bueno, llegamos a casa a las 7 de la tarde, todos juntos (y gracias a Dios, diría yo), con los móviles cargados y sin haber utilizado una batería portátil potente.
Así, en un momento en que todo favorece el distanciamiento entre nosotros, ¡nuestra batería es humana y se llama “todos”! En 250 hemos elegido recargar nuestras almas, en la fuente, en un lugar donde todavía se oye latir rápido el corazón de la Madre Esperanza.
Queriendo buscar una explicación, podría aventurar una respuesta que siento como una necesidad autobiográfica: ¿habrá sido la soledad que sentimos al testimoniar laboriosa y diariamente nuestra fe en lugares donde no sólo la inteligencia sino también la “luz” son cada vez más artificiales?
¿Será esto lo que nos hace buscar sentirnos parte, pertenecientes y unidos por un único algoritmo: el algoritmo Dios?
Sí, los que el 30 de marzo, somnolientos por el cambio de hora, paseábamos por el belén, comprábamos botellas de plástico vacías para rellenarlas con agua del manantial de la Madre Esperanza, comíamos un bocadillo de aceite con jamón cocido y queso stracchino preparado la noche anterior, éramos los mismos, los que todos juntos también íbamos a misa, rezábamos en el autobús, buscábamos la verdadera esperanza, no la esperanza del mundo, sino la esperanza que nunca defrauda, NUNCA.
Todos juntos creamos un nuevo # que no escribimos en ningún sitio, posteamos en ninguna historia, pero que en silencio, con nuestros pasos, trazamos con nuestras manos juntas en el Padre Nuestro y dibujamos con la Coronilla de la Divina Misericordia.
Y así como ciertos dibujos inexplicables, en montañas lejanas o en vastas llanuras, sólo quedan visibles desde arriba, nuestro # se lee desde el cielo y los de arriba lo leen así: #SomosJesúsObrero
Ese día, varias veces, a distintas horas, quienes vieron nuestros perfiles sociales notaron que estábamos off line, pero quienes nos buscaban, no sabían que estábamos on line en la vida, la real, unidos por “una red” que nos mantiene fuertes, que nos sostiene firmes, que como el equilibrista nos salva, y que también esta vez nos “anudó”.
No podría concluir mejor que con #EsperandoLaProximaPeregrinacion

Roberta Turchetta
#SomosJesusObrero

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