RETIRO DE LA FAMILIA DEL PADRE OTTORINO EN VICENZA
NO SE PUEDE SEMBRAR QUEDÁNDOSE EN CASA: HAY QUE HACER EL ESFUERZO DE SALIR DE LOS PROPIOS ESQUEMAS
Hoy, domingo 16 de noviembre, se llevó a cabo el Retiro de la Familia del padre Ottorino en Vicenza, en la Casa de la Inmaculada, con una buena participación, especialmente marcada por la presencia de un hermoso grupo de Jóvenes Amigos.
Siempre deseoso de compartir los momentos importantes de vida generada por el carisma de padre Ottorino y nuestro, pedí a Arianna, del grupo de los Jóvenes Amigos, que escribiera un pequeño testimonio. La respuesta llegó rápidamente, ese mismo día del retiro:
“Hola don Luciano, te envío el testimonio y las fotos que logré sacar. Me da pena que no sean muchas fotos, pero disfruté tanto del retiro que en algunos momentos me olvidé de tomarlas. ¡Buena noche!”
Y aquí el testimonio:
“Este año, por primera vez, decidí participar en el retiro de los Amigos de Vicenza. Sentía la necesidad de darme un momento de pausa, de tranquilidad: bajar el ritmo frenético de la semana y, por unas horas, olvidarme del teléfono. No sabía bien qué esperar ni cómo estaría organizada la mañana, pero el deseo de serenidad y de compartir me impulsó a lanzarme a esta nueva experiencia. No era la única joven presente; al contrario, éramos un buen grupo, todos con las mismas ganas de desconectar de la rutina diaria.
El tema del retiro fue «…Salió el sembrador a sembrar» y toda la mañana, desde la lectio hasta las preguntas propuestas, giró en torno a la parábola del Buen Sembrador. Un pasaje que ya conocía y que había escuchado muchas veces, pero que gracias a la lectio (que al principio me daba un poco de miedo), resonó como nuevo, como si lo escuchara por primera vez. Las palabras, las imágenes, la forma misma en que siempre había interpretado esta parábola fueron “desarmadas” y recompuestas. Me impulsaron a pensar de forma distinta y a reflexionar sobre lo que estoy viviendo en este período: cómo cultivo las amistades, la familia, los momentos de dificultad.
Fue una mañana intensa pero nunca pesada, vivida en un clima de compartir y de familia; como Joven Amiga del padre Ottorino, me sentí acogida y valorada.
Lo que más me impactó al final del retiro fue pensar que para sembrar hay que salir, no se puede sembrar quedándose en casa; hay que hacer el esfuerzo de salir de los propios esquemas: solo así se podrá sembrar y también acoger en nosotros una semilla”.
(Por don Luciano)