Sosta a Betania sulla missione
“Hacer conocer y amar a Jesús, hacerlo conocer y hacerlo amar”
La Familia de padre Ottorino, Religiosos y Amigos, se reunió en la Casa de la Inmaculada de Vicenza del 30 de abril al 3 de mayo para profundizar en el tema de la misión, tan querido por padre Ottorino.
Después de las experiencias vividas anteriormente en Crotone, esta fue la tercera experiencia obre el tema de la misión organizada en Italia. Llegando poco a poco a la Casa Madre, la acogida fue, como siempre, alegre, cálida y familiar, como cuando hermanos y hermanas vuelven a encontrarse después de un tiempo.
Partiendo de la intuición que tuvo al contemplar el tríptico colocado detrás del altar, que pudimos admirar en el Seminario diocesano, padre Ottorino se lanzó con gran entusiasmo y dedicación, creyendo y confiando en la ayuda divina, en la misión de hacer conocer y amar a ese Jesús que había llenado su corazón de alegría y amor.
Y precisamente desde muchas de las misiones hemos llegado para vivir una experiencia de escucha, conocimiento, diálogo y compartir, cada uno con su propia historia y realidad. Una presencia especial y providencial entre nosotros fue la de María Ileana, de Don Torcuato (Buenos Aires), durante muchos años coordinadora internacional de los Amigos.
En los tres días de la pausa fuimos guiados por padre Luca, padre Luciano Bertelli y Tiziana, mientras que otros religiosos (padre Juan Galvan, padre Graziano Celadon, padre Piergiorgio Paoletto y el diácono Rafael) a través del relato de sus experiencias misioneras, nos hicieron tocar con las manos el corazón del carisma.
La experiencia misionera debe vivirse cuidando los problemas de la gente, teniendo en cuenta sus particularidades culturales y sociales. Ser misioneros significa entrar en el corazón de las personas que se acercan y hacerles sentir la presencia de Dios.
La lectura y profundización de los cuatro testamentos dejados por padre Ottorino a los cohermanos y también a nosotros como Familia, nos hizo enamorarnos aún más de Jesús y nos hizo más conscientes de la gran responsabilidad a la que estamos llamados, como sus seguidores: ser testigos fieles y colaboradores en la promoción de la paz, la justicia, el amor y la unidad en la caridad.
La visita a algunos lugares donde el carisma tuvo sus orígenes, llevado adelante con esfuerzo y sacrificio, nos hizo respirar un aire de santidad que debemos recordar en los momentos de desánimo y cansancio de nuestra vida cotidiana.
Los momentos que vivimos juntos nos hicieron más fuertes y firmes en el propósito de amarnos unos a otros, sintiéndonos hijos de un mismo Padre y hermanos en Cristo. Rezamos a padre Ottorino para que nos ayude a ser buenos anunciadores de la Buena Noticia, con los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
¡Buena misión para todos!

